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La Discapacidad Mental

En Chile, de acuerdo a la Encuesta de Caracterizacion Socio Económica (CASEN) realizada el año 2013, existen cerca de 220.000 personas que presentan alguna discapacidad de origen mental, de las cuales casi 92.000 viven una situación de probre monerataria y/o mutltidimensional.

Utilizamos el concepto de discapacidad mental para referirnos a las limitaciones o barreras para la inclusión social de personas por causas psíquicas (diagnósticos como transtornos bipolares, esquizofrenia, entre otros) y/o intelectual o cognitiva (sindrome down, autismo, retardo mental, entre otros).

El concepto de ha tenido una importante evolución en estos últimos 40 años, tanto en su definición como en su entendimiento por parte de nuestra sociedad. Desde un enfoque social, la discapacidad es entendida como resultado de la interacción de una serie de dimensiones personales y contextuales que dificultan la plena inclusión en la sociedad. Esta nueva mirada, significa una evolución respecto del modelo residual histórico, donde la discapacidad estaba centrada en las “deficiencias” de las personas, situación caracterizada por limitaciones funcionales propias de su diagnóstico o condición de nacimiento.

Esta evolución ha permitido abrir las posibilidades de inclusión ya que nos interpela como sociedad a tomar la responsabilidad como desencadenantes de la discapacidad.

Usuario de Rostros Nuevos realizando mosáico.
 

En Fundación Rostros Nuevos adherimos a la definición de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud, en la que la discapacidad se entiende como un “…concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con impedimentos, y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en pie de igualdad con las demás.” En consecuencia, las medidas orientadas a lograr la inclusión y la plena participación social de las personas con una discapacidad, se centran en la sociedad y no sólo en la persona.

BARRERAS, ESTIGMAS Y RESPONSABILIDADES

Pese a estos nuevos enfoques y mirada socio-comunitaria sobre la discapacidad, en el caso de las personas con discapacidad mental, son identificadas como los más vulnerables, dadas barreras asociadas al estigma y la discriminación que impiden su plena inclusión social, además de carencias de atención sanitaria y apoyos sociales adecuados a sus necesidades y requerimientos.

Según una encuesta de la Organización Mundial de la Salud, entre el 35% y el 50% de los casos graves no recibe tratamiento en los países desarrollados, mientras que estas cifras ascienden desde 76% al 85% en los países menos desarrollados. Otro ejemplo, es el mostrado por la Séptima Encuesta Nacional del INJUV, realizada en nuestro país el año 2103 sobre “Experiencias y percepciones en torno a la discriminación”, donde se constata que las personas con discapacidad mental se encuentran entre los tres grupos más discriminados, al punto de “no querer tenerlos como vecinos”.

En Chile, son obstáculos cotidianos para las personas con discapacidad mental el acceso a un trabajo digno (solo el 17% trabaja), el acceso a una educación inclusiva desde la primera infancia y la formación y/o capacitación de acuerdo a sus necesidades específicas (1 de cada 2 ha completado la enseñanza básica, 1 de cada 10 la enseñanza media y 1 de cada 20 accede a educación superior). Muchos de ellos no pueden vivir junto a sus familias, y quienes por alguna razón no la tienen, el deseo de ser parte de una comunidad es casi una utopía.

Los avances en esta materia a nivel mundial han estado centrados en el reconocimiento de la universalidad, accesibilidad y participación y pese que La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad consagra y reconoce los derechos de quienes tienen algún tipo de discapacidad aún se identifican importantes brechas, graves vulneraciones y un bajo reconocimiento de la sociedad en la responsabilidad de la exclusión de las personas.

Si consideramos que la interacción con el medio social es un elemento fundamental para la generación de discapacidad en las personas, entonces, la situación de pobreza se transforma en un factor adicional de vulnerabilidad que incrementa el riesgo de exclusión social tanto de las personas que tienen Discapacidad Mental, como de sus familias.

En nuestra experiencia diaria como fundación Rostros Nuevos con las personas con discapacidad mental en situación de pobreza y exclusión, sabemos que en interacción con su familia y su comunidad, pueden jugar un papel activo en su bienestar y recuperación, contando con los apoyos adecuados a su situación particular y con foco en sus capacidades.

En este sentido, creemos que es necesario dar atención a esta población más excluida a través apoyos sociales, destinando mayores recursos a esta problemática y promoviendo el respeto, la dignidad y la protección a los derechos de las personas con discapacidad mental.

ENLACES RECOMENDADOS: Hogar de Cristo Organización Mundial de la Salud SENADIS Observatorio Discapacidad Mental Ministerio de Desarrollo Social Ministerio de Salud INDH

Líneas de Acción

  • Una persona con discapacidad mental puede realizar trabajos en igualdad de condiciones de acuerdo a sus capacidadesMás

  • Los índices de violencia en personas con alguna discapacidad mental son menores que en el resto de la poblaciónMás

  • La OMS señala que las personas con discapacidad presentan tasas más altas de pobreza que las sin discapacidadMás